Cuba antes de la
revolución. Por Antonio José Ponte. 9 de julio de 2,015. El
País.
Un periodista británico aterrizó en
La Habana en 1,957 con el encargo de contactar con Hemingway y conocer las
posibilidades de la guerrilla de Fidel. El cambio estaba en marcha. Y la Isla,
una mezcla de casinos, espías y prostitutas, despertaba la misma expectación que
hoy frente a lo desconocido.
Norman Lewis, el más grande escritor
de viajes desde Marco Polo según Auberon Waugh, viajó a La Habana en
1,957 con la doble misión de consultarle a Hemingway las posibilidades de la
guerrilla de Fidel Castro e investigar qué vendría después de El viejo y el mar.
Por el camino dio con un mechón de vello púbico de Catalina la Grande, consultó
a la santera del dictador Batista y medió en un duelo a muerte provocado por Ava
Gardner.
Fue su editor londinense, Jonathan Cape, quien
le pidió que averiguara qué escribía ahora Hemingway, al que publicaba en
Inglaterra. La consulta sobre política
cubana era encargo de Ian Fleming, inventor de la saga de James Bond, jefe de la sección
internacional de The Sunday Times y con lazos en la inteligencia naval
británica, donde sirviera durante la guerra. Fleming y Lewis se habían
conocido en la fiesta navideña de Jonathan Cape. Los reunió el azar alfabético,
pues las escasas dimensiones del local obligaban a más de una convocatoria. A
ellos les correspondía la segunda, aunque Fleming malició que aquella era la
fiesta de los autores de segundo rango, y señaló a unas cuantas letras que no
tendrían por qué estar allí. Elogió la novela más reciente de Lewis, conversaron
de poesía y cuando Lewis confesó que García Lorca era su
poeta favorito, le preguntó si lo leía en español y quiso conocer de sus viajes
por Centroamérica. Así que quedaron para almorzar al día siguiente y a los
postres le propuso la expedición a Cuba.
Acreditado por The Sunday
Times, Norman Lewis llegó a La Habana un domingo
de fines de diciembre. Había estado
allí 20 años antes y ahora encontraba mayores razones para admirarla: La Habana
era la ciudad más hermosa de las Américas. Tomó una habitación en el
Sevilla Biltmore y preguntó por Edward Scott, editor de The Havana Post,
quien vivía en una suite del hotel y cuyas señas le había pasado
Fleming.
Se decía que Scott era uno de los
cuatro individuos que sirvieron de modelo para James Bond, aunque aquel hombre
bajo y de expresión aniñada decepcionaba bastante como cuarta parte de 007. Con
un habano en sus manos regordetas, pluma de oro en el bolsillo, zapatos bien
lustrados y la amante de turno (negra, según alcanzó a ver Lewis) esperándolo en
su habitación, a Scott le pareció risible la idea de consultar al novelista
estadounidense. Pero Lewis insistió en que Ian Fleming tenía noticias de un
encuentro entre Castro y Hemingway en una de las cacerías del escritor por las
montañas. “La única montaña donde Hemingway caza es el Montana Bar”,
cortó Scott. En cualquier caso, él era el peor conducto para llegar al
novelista, pues acababa de retarlo a duelo.
Lewis tuvo que sonreír, ¿es qué allí
la gente se batía a duelo todavía? Bueno, si visitaba la morgue de la ciudad (y
tal visita valía la pena), descubriría entre los cadáveres de estudiantes
revolucionarios a uno o dos duelistas. Noches antes, Ava
Gardner acompañó a Hemingway a la fiesta del
embajador británico por el cumpleaños de la reina*, y en un
momento de jolgorio se desembarazó de su ropa interior, agitándola en el aire.
Scott lo consideró un insulto a la corona, Hemingway lo amenazó con darle una
paliza y él no tuvo más remedio que enviarle invitación para batirse. Así que
tendría que apresurarse si deseaba encontrarlo con vida. [* El cumpleaños
de la Reina es el 21 de abril. Nació en 1,926. Por tanto aquí hay una inexactitud de las
gruesas pues la visita de Lewis se efectuó a finales de diciembre
de 1,957.]
El escritor
Norman Lewis preguntó por el apoyo que tenían las fuerzas de Fidel Castro.
“Hay un montón de jóvenes de clase media que ven en él su única
oportunidad de llegar a alguna parte”
Luego de enviar una nota al novelista
estadounidense, Norman Lewis se dedicó a husmear en busca de gente interesante y
dio con el general Enrique Loynaz del Castillo y el también general Carlos
García Vélez, embajador en Londres durante 12 años.
“En la prensa suele aparecer que
tengo 94 años”, saludó García Vélez. “No es verdad, solo tengo
93.”
Plantas y muebles victorianos
repletaban el salón. El general tenía siempre a mano su lectura favorita, el
Edinburgh Journal, que coleccionaba desde el número inicial de 1,764.
Hijo del general Calixto García Iñíguez, un bisabuelo suyo había peleado contra Bolívar
en Carabobo. Hollywood había hecho una película con la historia de su
padre, pero él no la conocía. No sentía el más mínimo interés por el cine o la
televisión. Loynaz del Castillo recordó entonces que Barbara Stanwyck
protagonizaba el filme, Mensaje a García*. “Una chica muy guapa”,
lamentó no haber coincidido con ella.
[* “Mensaje a García” fue un hecho histórico real deformado e
utilizado como efectivo instrumento ideológico. Cierto es que el teniente del
ejército Andrew Summers Rowan recibió la orden de entregar al General Calixto
García Iñiguez un mensaje del presidente de los EE.UU. Mc Kinley y el militar
cumplió la misión. El resto,- incluido el artículo Elbert Hubbard-, es
deformación, uso demagógico de la Historia, porque “investigaciones históricas
precisan que, aunque inspirado por el hecho real, la mayor parte del relato
es una recreación hiperbolizada de lo que realmente sucedió. Rowan en
ningún momento tuvo que recorrer la isla a pie como se dice, sino que fue recibido en la ensenada de Mora
por varias decenas de luchadores independentistas cubanos conocedores de las
costas de la provincia oriental y de los territorios liberados. En
sentido general, este ensayo se califica como un intento de minimizar la
participación cubana en la llamada Guerra Hispano Cubana Norteamericana y al
mismo tiempo presentar a los estadounidenses como libertadores de una isla que
para ese entonces ya se encontraba prácticamente en poder de las fuerzas
independentistas. (2)” Entrecomillado de
es.wikipedia.org Da vergüenza ver como
unos copian a otros sin pudor, agrandando la mentira.]
Graduado de cirujano dental en
Madrid, Carlos García Vélez fue el director fundador en 1,894 de la Revista
Española de Estomatología, segunda
de su clase en el mundo. Sin embargo, debió regresar entonces a Cuba y
estrenarse como combatiente. “Cuando digo que la guerra se dirigió con la
brutalidad más extrema me refiero a los dos bandos”, resumió. Él la
recordaba como un historiador y dejaba los aspavientos del patriotismo para su
amigo Loynaz.
Ambos generales sopesaron si el
visitante merecía conocer el álbum. Decidida la consulta a su favor, García
Vélez buscó un manojo de llaves, apartó una aspidistra [planta de la
familia de las Liliáceas] y colocó sobre la mesa el legado de Francisco
de Miranda, antecesor suyo, combatiente de las guerras de independencia de
EE.UU. y Venezuela, y cuyo nombre
aparecía inscripto en el Arco del Triunfo como héroe de la Revolución
Francesa.
Cada página de aquel álbum
dieciochesco contenía un puñado de cabellos y una dedicatoria de la dama a la
que pertenecieran. Allí tenían, al alcance de los dedos, más de 50 muestras de
vello púbico de algunas de las muchas amantes de Miranda. Al menos una de
aquellas muestras tenía gran interés museístico, la perteneciente a Catalina II, emperatriz
de todas las Rusias. Al pie de su pelusa real podía verse rubricada una
espléndida y arrogante K. El general García Vélez comentó que, descontando lo
que pudiese contener su sepulcro, aquello era cuanto sobrevivía del cuerpo de
Catalina la Grande. Y pensar que su
propuesta de donación del álbum le había deparado el rechazo del Museo
Nacional…
(Norman Lewis se vio con el magnate
azucarero Julio Lobo para hablar del apoyo empresarial a Castro, y de haber
tratado acerca de sus colecciones, habría tenido noticias de otro mechón
notable: el de Napoleón, que Lobo
atesoraba junto a una muela del emperador. En La Habana coexistían,
por tanto, dos mechones imperiales, el de Napoleón y el de Catalina. La primera
de estas reliquias se exhibe hoy en el Museo Napoleónico, adonde fue a dar la
colección de Julio Lobo incautada por el régimen revolucionario, pero del álbum
de Francisco de Miranda no conozco más que lo que cuenta Lewis).
El dictador
Fulgencio Batista en 1,959, año en que triunfó la revolución castrista. / JOSEPH
SCHERSCHEL (GETTY)
Dejando atrás batallas y galanterías
de otros siglos, Norman Lewis preguntó por el apoyo que tenían las fuerzas de
Fidel Castro.
“Hay un montón de jóvenes de clase media que ven en él su única oportunidad
de llegar a alguna parte”, le aseguró García Vélez. [Estas son, textualmente, las palabras
que recoge el artículo en boca de Edward Scott. Algo no
cuadra.]
Meses antes, en febrero de 1,957, el
reportero de The New York Times Herbert L. Matthews entrevistaba al jefe
de la guerrilla en su campamento. La entrevista resultó tan crucial que un libro
sobre el tema considera a Matthews “el hombre que inventó a Fidel
Castro”. Vaquero, uno de los organizadores del viaje de Matthews a la Sierra
Maestra, se citó con Norman Lewis en el hotel Sevilla*. Parecía hacer tan
descuidadamente su trabajo que iniciaron tratos sin chequeo previo, y cuando un
limpiabotas se les acercó, él siguió hablando como si nada.
Estaban a pocos metros de la
sede de la inteligencia militar. En la calle se produjeron disparos y vieron
hombres corriendo a lo lejos. Los jugadores de un billar cercano iban armados y
continuaron en lo suyo. Una prostituta cara aprovechó la ocasión para dejarles
su tarjeta. Vaquero dijo estar aburrido de la vida en la sierra y sentirse solo
en la capital, donde no conocía a nadie. En un cine cercano echaban una película
de gánsteres y le preguntó a Lewis si no le apetecía acompañarlo. Entretanto,
Edward Scott practicaba tiro en la redacción de The Havana Post. Con
puntería muy distinta a la de Bond. [* El Hotel Sevilla se encuentra a
escasas calles del palacio presidencial. El billar era famoso por los jugadores de
Viuda y el Sloppy Joe’s Bar estadounidense cercano. No es creíble que
siguieran jugando con tiros tan cerca; tampoco que Scott practicase tiro en el
Sevilla. Es raro que no se comente
el gran cuadro pintado por David Alfaro Siqueiros con el que pagó su estancia en
ese hotel, en 1,944, que estuvo muchos años en su recepción. No sé si es
“Alegoría de la igualdad racial en Cuba” o uno diferente. Tampoco sé si
sigue allí: lo vendieron, robaron o están “restaurando”.]
Lewis viajó a Santiago de Cuba
siguiendo instrucciones de Vaquero. En el parque del centro de la ciudad, un
negro le pidió su opinión sobre el filósofo Kant. No era, contra lo que pudiera
suponerse, una contraseña. (Quizá el lugar sea proclive a esta clase de
encuentros porque el escritor Virgilio Piñera, de visita en la ciudad unos años
después, preguntó a una transeúnte dónde vivía Franz Kafka, a lo que
la santiaguera contestó que no sabría decirle, pero que un rato antes lo había
visto cruzar en una bicicleta).
En Santiago de Cuba consultaba lo
invisible Tía Margarita, a quien se encomendaba el propio Fulgencio Batista y
cuyo preparado contra las enfermedades nerviosas, a base de huesos de perro,
gozaba de fama milagrera. Exvotos de peloteros y senadores repletaban el altar
del dios de la guerra Changó, del cual era sacerdotisa. ¿Acaso él quería conocer
la fecha exacta de su muerte? No, lo que de veras preocupaba a Lewis era quién
ganaría la guerra en Cuba. “Changó
dice que la victoria le llegará a quien la merezca”, respondió Tía
Margarita. Prometió que faltaba un año
para la victoria, y no anduvo errada en esto.
Cada noche los disparos empezaban a
las diez en punto (Sic). Vaquero avisó a Lewis que ya podía salir rumbo a
Manzanillo. Allí lo esperaban con una contraseña que no alcanzó a intercambiar,
pues nada más bajarse del autobús lo interceptaron tres soldados. Muy
cortésmente, le requisaron la guerrera que comprara en una tienda de efectos
militares de Oxford Street y le notificaron que en media hora saldría un autobús
y un agente iba a ocuparse de que llegara a la capital sano y salvo.
En La Habana encontró una
invitación de Hemingway, que lo esperaba al día siguiente. Lewis lo había
imaginado imponente y vigoroso, y descubrió a un viejo exhausto, vestido de
pijama y emborrachándose con Dubonnet desde temprano. Su aspecto era tan triste
que en cualquier momento podría ponerse a lagrimear. ¿Era aquello una
entrevista?, quiso saber. Él procuró tranquilizarlo: le traía un mensaje de su
devoto amigo Jonathan Cape. Tan devoto
que evitaba gastar demasiado en la cubierta de sus libros, le reprochó el
viejo. ¿Conocía él a Edward Scott? Someramente, adujo Lewis. Bien, quería que le
echara una ojeada a la carta a The Havana Post que estaba
preparando.
En la carta rechazaba el reto a
batirse con el argumento de que Scott se debía a los lectores de su diario y no
habría de exponer su vida. Quiso saber si la consideraba una respuesta digna.
Lewis opinó que lo era. El viejo le pidió entonces su sincera opinión sobre todo
aquel asunto. Él comentó que le parecía ridículo. Exacto, sonrió por
primera vez. Y cuando lo consultó acerca de las oportunidades de la guerrilla,
el viejo novelista respondió tan sibilino como una santera: “Mi respuesta es
inseparable del hecho de que vivo aquí”.
Otra vez de visita en Cuba, en 1,959
Lewis fue testigo de cómo una paloma se posaba en el hombro de Fidel Castro, que
discurseaba. La escena, orquestada por
un entrenador de palomas de quien entonces no se tuvo noticia*, surtió efecto
también sobre Lewis. Fidel Castro era el mejor orador desde Demóstenes,
sostuvo temerariamente. [*No era necesario el timo: era ya de noche, las
palomas se habían soltado al crepúsculo. Los reflectores alumbraban a Fidel,
varias se posaron en su hombro, donde había claridad. La foto recoge una que
estuvo bastante tiempo allí. Tan simple y natural como eso. Cierto que tuvo un
gran impacto emotivo, incluso sincrético, que fue bien aprovechado.] Foto
de: CDN Camilo Cienfuegos
detrás de Fidel.
Edward Scott inclinaba ahora su
diario hacia la izquierda, se retrataba con Ernesto Che Guevara y sabía
de un local donde jugar al bingo pese a las prohibiciones. Lewis olfateó cierto
puritanismo en el ambiente. Los
borrachos eran mandados a centros de desintoxicación, las prostitutas eran
reeducadas. Un Cadillac oficial lo condujo al centro donde unos jóvenes
aprendían a autocriticarse. (Sic) [¿De dónde sacó esto? Algo tan tonto
como lo escrito sólo ocurrió más tarde.] Y le llegaron noticias de que el
propietario del mejor restaurante chino de la ciudad, quien fuera astrólogo de
Chiang Kai-shek, había
elegido el suicidio después de que le
ordenaran suprimir el lujo en su cocina. (Sic)
Norman Lewis asistió a un juicio
militar y pudo conocer al estadounidense Herman Marks, jefe del pelotón de
fusilamiento de La Cabaña, a quien dejó hablar con largueza. Marks alardeó de
que a la gente le gustaba dejarse ver con él. En el hotel Riviera le procuraban
la mejor mesa, Fidel lo saludaba efusivamente. Creía en el trabajo bien hecho, y
el suyo era fusilar. Había elegido aquel emplazamiento del paredón, con vista al
Cristo de La Habana. Consentía que los sentenciados ordenaran su propia muerte,
si acaso deseaban esa fanfarronada última. No aceptaba regalos, ninguno de esos
relicarios o patas de conejo que tanto significaban para sus dueños. Únicamente
gemelos de camisa, que regalaba luego a sus amigos. Estaba en contra de que los
proyectiles usados se vendieran por cinco pesos para hacer brujería. Y conocía a
diplomáticos y visitantes extranjeros que daban cualquier cosa por asistir a una
de sus noches de trabajo.
Existía, al parecer, un turismo de
las ejecuciones. “El artista de Fidel”, bautizó Lewis a Marks, y un año
más tarde lo dio por fusilado en aquel paredón. La historia de Herman Frederick
Marks resultó, sin embargo, distinta. Nacido en Milwaukee en 1,921 y arrestado
más de treinta veces por robo, asalto, secuestro y violación, conoció desde
temprano la cárcel. En Cuba combatió bajo las órdenes de otro extranjero,
Ernesto Che Guevara, quien lo menciona en uno de sus diarios. Ponía un
entusiasmo carnicero en su trabajo: en lugar del tiro de gracia, vaciaba su
pistola en el rostro del ejecutado para hacer más difícil el reconocimiento por
parte de los familiares. Lo acompañaba un perro, cruce de pastor alemán con otra
raza, aficionado a lamer sangre humana. “El Carnicero”, lo llamaban. A
Marks, no al perro.
En alguna de sus madrugadas, Marks
debió temer que aquella estatua de Cristo fuese su última imagen y que el perro
que criaba terminara probando su sangre. De manera que, acompañado de su esposa,
la modelo y fotógrafa neoyorquina Jean Sécon, secuestró una embarcación. Luego
de una semana a la deriva, recalaron en Yucatán. En julio de
1,960 se encontraba en terreno estadounidense. En enero de 1,961 fue arrestado
por oficiales de Inmigración que iniciaron los trámites para deportarlo.
Apelaciones mediante, logró librarse del reencuentro con sus jefes habaneros,
recuperó su ciudadanía estadounidense y puede que viva aún, a los 94
años.
El Pabellón de Jade, el mejor
restaurante chino mencionado por Lewis, no aparece en la guía telefónica de La
Habana de 1,958. Quizá se trataba del Pacífico. La lectura favorita del general
García Vélez debió ser no el Edinburgh Journal, sino el Edinburgh
Adviser, fundado en 1,764. Podría pensarse que en estas aventuras cubanas de
Norman Lewis hay materia suficiente para una novela. Pero él la escribió ya, y
espléndidamente. En cambio, lo que sí aguarda por algún novelista, mitad Walter
Benjamin y mitad Patrick Modiano, es la guía telefónica habanera de 1,958. La
Habana de entonces concitaba un interés muy parecido al que en la actualidad
concita. Igual que en época de Norman Lewis, quienes hoy la visitan hablan de una hermosa
capital a punto de muy grandes cambios.
[Nota del Editor: para los
menores de setenta años este artículo es una ligera visión de La Habana antes de
1,959; tal vez hasta el 60. Si fuera un trabajo académico, requeriría fuentes
que confirmaran algunas de sus sorprendentes informaciones. NO lo es, por tanto,
sea un curioso viaje al pasado con algunas dudas y verdades. El Editor vivió
allí en la época que se relatan los “hechos”.]
DE CUBA Y EL MUNDO TRAIGO UN
CANTAR…
Carlos Herrera pregunta a un exiliado
cubano por la muerte de Fidel Castro y sale
escaldado El Español. En la
Jungla. "Todo el mundo se está dejando llevar por esta bobería del carnaval
de Miami". Las inesperadas respuestas de un escritor cubano que...
Ejemplo a seguir:
Ikea España
reparte 13,2 millones a sus empleados por
cumplir... economia.elpais.com [Mercadona es otra gran empresa que
reparte parte de las utilidades anuales entre sus trabajadores en función de los
objetivos económicos alcanzados. ¿Por qué el gobierno cubano no otorga
facilidades totales a Mercadona o Ikea para que se implanten en Cuba? Cierto que
es capitalismo, mucho mejor que el socialismo actual. Aquí si te atienden
contentos, no se ponen a “cuadrar la caja” con el público sin atender, ni hay
“cambios de turno” con todo paralizado, además de las “pérdidas” fantasmas.
¿NO PUEDEN O NO
QUIEREN?]
Martín Castro, el hermano "olvidado" de Fidel -
CiberCuba [Se trata de uno
de los dos medios hermanos de los Castro-Ruz. Son hijos de Ángel Castro con su
primera esposa. Una historia triste y sucia detrás de esta
información.]
Comentarista de origen cubano arrasa en debate sobre la
muerte Nuevo Herald.
[Pretender defender lo indefendible, si un asomo de crítica, de
reconocimiento de lo mal hecho, es imposible. Sólo quedar en el ridículo absoluto cuando tu
contraparte hace las preguntas y respuestas correctas de la forma
adecuada, como es este caso. Además, el bien comido y bien vestido
cubano de la Isla era el mejor exponente del sistema de incondicionalidad a lo
mal hecho.]
Costa Rica deportará a 13 cubanos
indocumentados Cuba Net. Fueron
interceptados cuando viajaban en un autobús por la zona sur del país.
Cuba de miserable no tenía nada, según
analista El Diario
de Hoy. La politóloga guatemalteca Gloria Álvarez hace una interesante reseña de lo que fue Cuba
antes de la dictadura y el momento actual tras la muerte...
Llueven las críticas contra ministra francesa por defender a
Fidel Castro Cuba Net. Ségolène
Royal lo calificó como un “monumento de la Historia”. [Tiene toda
la razón: un monumento para que NO se repita tamaño disparate. Lo malo es que,
el Hombre, es el único animal que tropieza muchas veces con la misma piedra,
según nos enseña la Historia.]
Artículo editorial: Fidel Castro (1926-2016): el que osó y
duró sinpermiso.
[Curioso artículo que mezcla verdades y medias verdades. Omite la crítica
tanto al gobernante como a sus resultados. Un ejercicio de malabarismo político
no muy agradable.]
Los Pichy Boys llaman a una unidad de policía en Cubapara
hacer una denuncia AmericaTeve
“En Cuba no se puede escuchar música, no se puede bailar ni tomar ron por
culpa de la muerte de Fidel, así que nosotros, Los Pichy Boys, hemos...”
[Fíjese en el dialogo. Hay un momento en que la policía concuerda con el
calificativo que dan a Fidel.]
El Mariel se queda sin su inversionista
principal Cuba Net. Un informe
divulgado este domingo ha revelado que la empresa brasileña Odebrecht se ha
visto obligada a suspender la financiación del proyecto del Mariel, en Cuba. En
el caso de las obras del Mariel, se estima que Odebrecht ya ha gastado unos 832
millones de dólares. Otro millón y medio de dólares aproximadamente habrían sido
utilizados en los sobornos. [La
información no precisa si los sobornos fueron también para funcionarios
cubanos.]
Google firma acuerdo de servicio con Cuba - Voz de
América La participación
de Google en Cuba data de 2,014. El convenio moderniza la red internacional de
la estatal cubana ETECSA y brinda acceso a los productos de Google dando más
velocidad y mejor calidad de servicio.
Aforismos y frases
célebres:
“La verdad adelgaza y no quiebra,
y siempre anda sobre la mentira como el aceite sobre el agua.” Miguel de Cervantes
(1,547-1,616) Escritor español. Fuente: proverbia.net
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de… es indicar que se ha condensado la obra original. Los comentarios entre [ ]
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